lunes, 9 de marzo de 2020

Del capitalismo al capital humanismo


GROWTH MANAGEMENT: DEL CAPITALISMO AL CAPITAL-HUMANISMO
Ignacio Bernabé, FOUNDER & PRESIDENT OF THE GROWTH MANAGEMENT® SCIENCE COMPANY

Miles de directivos en todo el mundo ya se alinean con la propuesta del Growth Management® que se extiende como un soplo de aire fresco desde Europa hacia EEUU y América Latina. Un nuevo modelo de dirección de empresas basado en la gestión del crecimiento que se orienta a poner en valor los fundamentos de un nuevo sistema de orden económico y social hacia el que irremediablemente nos dirigimos. ¿Cuál es la causa?
Somos muchos los que desde distintas perspectivas observamos de cerca la muerte del sistema capitalista y no auguramos su resurrección, pues estamos abocados a un cambio de modelo que se producirá de forma natural, al igual que el Capitalismo surgió del Feudalismo. No puede ser de otro modo pues la evolución en los paradigmas sociales, al igual que en el hombre, es un proceso inexorable.
La crítica responsable y profunda por tanto es necesaria, cuando debemos ordenar las ideas y fundamentar las bases de ese nuevo modelo de orden socioeconómico llamado a gestionar una gran evolución cultural histórica, así como un proceso de socialización mayor que el generado por cualquiera de las grandes revoluciones industriales –o quizá que todas en su conjunto- y sus consiguientes crisis y efectos: sobreproducción, desempleo y emigración en masa, colonialismo, imperialismo…
Un periodo de tránsito mediante el cual los individuos deberemos interiorizar, aprender y desarrollar nuevos pensamientos, valores, hábitos, normas y comportamientos desde un nuevo modo de percibir la realidad social y personal.
El barco ya ha partido una vez más, y tarde o temprano llegaremos a un nuevo lugar. Sin embargo, en la medida en que seamos capaces de definir cómo queremos que sea, será un mejor lugar para todos, pues la visión y la actitud hacen que la profecía siempre se cumpla. Un nuevo espacio vital donde personas y organizaciones tendremos que aprender de nuevo a vivir y a convivir, a crear valor y a competir.
Creación de valor y competitividad
Debemos pues empezar a pensar, sentir y hacer de otro modo, pues sólo así podremos dar respuesta a las necesidades e intereses de una sociedad moderna que grita con amargura que alguien haga algo, pues son muchos los que sienten que navegamos a la deriva en un mar convulso y con rumbo a ninguna parte. Y en cierto modo no les falta razón.
Y es que esta situación en la que nos encontramos, es la respuesta virulenta de un sistema, el Capitalista, viciado desde su concepción, pues si bien a mi juicio su causa siempre fue noble, nunca llegó a considerar en su diseño cómo las particularidades del ser humano, fundamentalmente en cuanto a comportamientos se refiere –las causas-, afectarían negativamente a los resultados. Pero esto en definitiva es comprensible, incluso aceptable, dado que los errores, al igual que la falta de antecedentes y el menor conocimiento y experiencia, son aspectos respetables en cualquier proceso de innovación.
Este cortar por lo sano, es en definitiva la consecuencia del proceso de autoregulación al que tienden todos los sistemas, cuando al llevarlos a su máxima dimensión entran en conflicto con los principios universales. Es el aviso para navegantes de que el modelo capitalista que ha regido durante siglos las mentes de dirigentes, líderes, emprendedores y tomadores de decisiones a lo largo y ancho del planeta, debe dejar paso a otro, que desoyendo los cantos de sirena nos dirija a buen puerto con total convicción.
La principal premisa para desarrollar un sistema socioeconómico, la causa de su éxito o de su fracaso, tiene que ver con nuestras propias entrañas, es decir, con el estudio y análisis de las particularidades y contradicciones del propio hombre como ser social, porque cualquier paradigma debe ajustarse a la cultura y naturaleza humana y no al revés. Si así lo hiciéramos, estaríamos construyendo una utopía. Este es el motivo por el cual explico, lo que a mi juicio son las principales deficiencias de otras propuestas que se sostienen sobre el fino papel de lo imposible, al haber obviado sencillamente lo básico. Probablemente el Capitalismo por su propia esencia se ajuste más que otros modelos a esta premisa, sin embargo no todo lo que debiera. Este es el principal motivo de su ocaso.
Y esto es algo que únicamente puede comprenderse desde un severo análisis bajo perspectivas empíricas y científicas que antaño no fueron posibles, pues el conocimiento al igual que las ideas, avanza imparable en pos de resolver los desafíos humanos.
Un modelo al que nos dirigimos y el que necesitamos impulsar, llamado a alinear el tránsito cultural –nuevos pensamientos sociales, prejuicios, hábitos, costumbres, tradiciones, …- con la capacidad humana –talento- y la universalidad: moral, ética, razón, humanidad… para dar respuesta a los más elementales requerimientos y necesidades económicas y sociales.
Y aun así, el espíritu del Capitalismo va a seguir estando presente siempre porque la macrodinámica creada es como una rueda gigante imposible de parar, aun cuando fuéramos capaces de realizar un esfuerzo hercúleo. Y dado que la magnitud del proyecto excede la capacidad humana, de motivación y de coordinación a nivel mundial que sería necesaria, debemos escoger la opción más inteligente que es no luchar contra las olas, sino aprovechar su dinámica para navegar sobre ellas. Desde este punto de vista, esta rueda imposible de detener, puede y debe ser engrasada para que siga girando en adelante con mayor diligencia, que es lo único que podemos hacer, pues esto sí está en nuestras manos, en la de todos y cada uno de nosotros.
Y ello será posible humanizando el sistema, o lo que es lo mismo, transitando hacia un nuevo modelo que se suba, como un surfista lo hace al galope de su tabla, a la dinámica generada por el anterior. La clave pues es promover una dinámica inteligente que impulse el cambio desde lo micro –la opción personal-, hacia lo macro –la respuesta organizacional, institucional y social-. El entorno empresarial y quienes lo componen –empresarios, directivos, empleados y sociedad en general- pueden y deben asumir esa responsabilidad, con independencia de que lo hagan las administraciones, quienes en algún momento no tendrán más remedio que dar respuesta al efecto mariposa producido, pues la autoridad social de una determinada masa crítica siempre sobrepasa al poder institucional que termina adaptándose por el peso de la realidad.
Como dice Immanuel Wallerstein “el Capitalismo ha funcionado de alguna forma maravillosamente durante 500 años. Ha sido un sistema extremadamente exitoso, pero que ha terminado por deshacerse a sí mismo porque su clase dirigente y sus élites políticas son incapaces de resolver el problema de incertidumbre en el que se han metido. El Capitalismo no llegará a ver su final a menos que lo haga a través de la combinación de un “shock externo de extrema violencia” –de esto se ha encargado la crisis- y una “alternativa convincente desde dentro de la sociedad” –una nueva doctrina-.
La alternativa del Capital-humanismo
Y en este sentido y bajo este enfoque llevo más de 20 años promoviendo las bases de esta necesaria transición, desde el Capitalismo hacia lo que yo llamo el Capital-Humanismo, pues lo que ha ocurrido ya se veía venir, pero pocos lo quisieron ver. Y sin duda no supimos hacerlo visible con suficiente acierto aquellos que desde siempre hemos enfrentado la mirada al sistema en pos de nuevas perspectivas, pues somos de naturaleza inquieta y rebelde. Y aunque somos perseverantes, las limitaciones humanas no pueden acelerar los procesos como a veces se desea, siendo el paso del tiempo un elemento inevitable para la innovación y el cambio. La evolución natural en otras ocasiones, es la que marca finalmente el devenir de los acontecimientos.
Por esto mismo, el Capital-humanismo no es una doctrina idealista, sino un modelo práctico que surge desde la observación sistemática del Capitalismo, y que como este, parte del conocimiento que se tiene de la realidad –humana, social, empresarial, política…-, para evolucionar junto con ella en virtud del mismo. Y lo que pretende no es una utopía, pues lejos de basarse en ideales o en conceptos filosóficos se apoya en el saber científico -psicobiología, psicología, sociología, psicomotricidad, management…-.
Así que no cejaremos en nuestro empeño porque sabemos que nada importante puede ser de hoy para mañana, pues como dijo Aristóteles “la excelencia moral es resultado del hábito”: nos volvemos humanistas realizando actos de humanismo.
Por todo ello este texto se acerca en todo caso mucho más a un acto de humanismo que a un manifiesto contra el Capitalismo, pues considero que toda aportación cobra más fuerza desde la dignidad de reconocer las bondades de otras. Y no es una crítica despiadada sino una reflexión profunda.
No creo que el Capitalismo no promueva los bienes de interés comunitario, como muchos alegan en su contra. Tampoco que sea la causa de las desigualdades económicas entre los distintos estamentos sociales, entendiendo que esta cuestión en todo caso, es más bien una aspiración utópica en el marco de una sociedad inevitablemente diversa por naturaleza.
Sin embargo, sí creo que de este sistema se conservarán algunos elementos naturales que definen su eficacia sobre la cual existen numerosos hechos probados. Y si bien las bondades del Capitalismo admiten poca discusión, la nueva doctrina deberá salvar algunos obstáculos que se han convertido los principales males del actual modelo.
Quizá los más grandes desafíos consistan en poner al ser humano en el centro de la política y de la empresa -frente al beneficio personal, la renta política y el margen empresarial-, para generar un desarrollo responsable y sostenible. Promover un pensamiento colectivo que genere comportamientos sociales más racionales en relación a la búsqueda de la felicidad, minimizando la cultura del endeudamiento y del consumismo desmedido. Y promover la conciliación de la vida laboral y familiar, favoreciendo de este modo el desarrollo de mejores relaciones y valores familiares y sociales.
En otro orden de cosas, minimizar los daños colaterales propios de la actividad empresarial, implicándose en todo caso con mayor eficacia en su sanación y desarrollar una producción sostenible alineada a la llamada “tasa de regeneración” del planeta son algunos de los objetivos medioambientales.
Y a nivel empresarial, racionalizar los diferentes procesos en función de las necesidades y competencia de los distintos países, potenciando algunos como producción o gestión a favor de los más desfavorecidos y otros como formación o I+D+i a favor de los más desarrollados. Promover el aplanamiento del sistema jerárquico, así como una cultura que favorezca el desarrollo valores y relaciones sociales, y el valor del equipo frente al individualismo. Racionalizar y equilibrar el beneficio empresarial con los salarios de los directivos y de los trabajadores, además de la producción y acumulación de capital con las necesidades sociales. Premiar el comportamiento y el mérito, alineando de este modo los niveles de renta con los de competencia. Racionalizar y equilibrar en todos los niveles, el acceso a la formación y el desarrollo del talento. Y desarrollar una visión global, inteligente, responsable y a largo plazo, extirpando la actual cortoplacista y carente de valores, son otros de los retos a abordar.
En definitiva, desarrollar valores, pensamientos, sentimientos, así como políticas, procesos y procedimientos que alineen los legítimos derechos, libertades y desafíos empresariales con los también legítimos derechos, libertades y retos sociales.
La Capital-humanista, una doctrina desde donde propugno con determinación la necesidad de alcanzar un equilibrio entre el legítimo beneficio empresarial y el no menos legítimo bienestar social. Un modelo que parte de la idea central de que la mejor forma de organización, es la que es capaz de desarrollar equilibradamente el máximo potencial de las organizaciones y las mayores capacidades de las personas, pues en ello reside la eficacia y prosperidad de las primeras, y el compromiso, la competencia y la felicidad de las segundas.
Un paradigma que se sostiene sobre lo mejor de las empresas –su capacidad para organizar, motivar y orientar hacia la consecución de objetivos comunes- y sobre lo mejor de las personas –su talento-, para generar empleo, riqueza y bienestar social.
El Capital-humanismo no aspira a ser un modelo perfecto, sería una insensatez de su parte pues si el hombre mismo, referente de la perfección, es imperfecto, ¿por qué no habría de serlo cualquier obra de su creación? El Capital-humanismo aspira a algo más prudente: desarrollarse como la mejor alternativa al Capitalismo.
El Growth Management

El Management no puede permanecer ajeno a esta transición, es más, debe tomar parte activa en el proceso, desarrollando las bases necesarias para impulsarla desde dentro en las empresas y en su relación con la sociedad.
Para ello no debe olvidar que la gran crisis actual es en el fondo una gran crisis de valores que ha llevado al mercado a autorregularse mediante comportamientos, cuanto menos, desaconsejables, insensatos y éticamente reprobables, en mayor o menor medida por parte de todos los agentes implicados –gobernantes, políticos, banqueros, empresarios, directivos, trabajadores, funcionarios y sociedad en general-. La consecuencia de estas malas prácticas, provocadas por la cultura social imperante, ha sido la situación actual.
Por todo lo visto, el Growth Management recoge las bases, objetivos y fundamentos del Capital-humanismo para alcanzar un objetivo fundamental: “crecer como personas –valores, actitudes, capacidades, compromisos…-, para hacerlo como organizaciones, como instituciones y como sociedad en general”. El crecimiento en lo personal, como base para la transformación y el desarrollo empresarial, económico y social. Un modelo que se orienta a la gestión y el desarrollo estratégico del talento para transformar las empresas en auténticos equipos de personas comprometidas, competentes y felices, que es lo que necesitamos para avanzar.
La Gestión del Crecimiento a nivel mundial, puede garantizar el desarrollo empresarial y económico necesario para reabsorber a la población excluida del mercado laboral como consecuencia de la grave crisis actual. Poniendo en valor las nuevas tecnologías, las técnicas y metodologías más innovadoras y el conocimiento más reciente junto con lo más importante, el 80% del talento que aún permanece inútilmente oculto en cada uno de los ciudadanos activos, el mercado superará las dificultades y afrontará más competentemente los desafíos de la humanidad -energía, medioambiente, ciencia, medicina, educación…-, creando nuevas industrias, nuevos puestos de trabajo y nuevas competencias, en pos de su desarrollo y explotación.
Los imperativos en materia de avances sociales son los que deben regular el sistema, y no a la inversa, pues las necesidades de empleo de la sociedad deben ser satisfechas asumiendo los retos de la constante modernización –mecanización, robotización, inteligencia artificial, comunicación digital…-, y no dando un paso atrás. El pleno empleo debe ser la consecuencia de adaptarse eficazmente a esos requerimientos, nunca de mantener puestos de trabajo o competencias que estratégicamente ya no sean útiles.
La “destrucción creativa” apuntada por Marx y por Shumpeter es un hecho probado e inevitable. Las revoluciones industriales y los grandes cambios de paradigma, traen como consecuencia crisis y destrucción de puestos de trabajo. Pero tras ello, una gestión eficaz del cambio cultural que instintivamente se produce, permite de nuevo crear y crecer aún más. Al respecto, el Growth Management se reafirma en este mantra: “creer para crear y para crecer” pues sin firme creencia en las personas, ni hay crecimiento posible ni creación que se soporte con firmeza”.
Y qué duda cabe que la política tiene mucho que hacer en todo esto: el sistema educativo, al igual que el laboral, debería ser adaptado cuanto antes para jugar un papel fundamental en el reto de construir desde la infancia y a lo largo de la vida la nueva doctrina. Pero mientras tanto, el mundo empresarial debe abordar ya un reto histórico: el desarrollo de la empresa capital-humanista. El coste de no afrontarlo sería demasiado grande.
Ignacio Bernabé

Del Talento individual a la alta competencia colectiva


¿CÓMO TRANSFORMAR EL TALENTO INDIVIDUAL EN ALTA COMPETENCIA COLECTIVA?

Ignacio Bernabé, FOUNDER & PRESIDENT OF THE GROWTH MANAGEMENT® SCIENCE COMPANY

La gran apuesta por el talento se desarrolla desde teorías, herramientas, metodologías y tecnologías cada vez más perfeccionadas y transformadoras. Superadas 2 décadas desde la llamada “guerra del talento”, la teoría de la generación de valor, los círculos de la competencia y el diagnóstico de talento y competencia, impulsan a la función de RRHH y a los líderes, para llevar la experiencia a un nivel superior
¿Son las personas más talentosas, las que logran mejores resultados? ¿Son las organizaciones con mayor potencial humano, la que crecen en mayor medida? En contra de lo que quizá se pueda pensar, la respuesta a ambas preguntas es “no”. En pleno auge del talento, ¿lo estamos sobrevalorando? ¿Es suficiente? ¿Qué marca entonces la diferencia entre talento y resultados?

EL TALENTO
A final de los 90 empecé a cuestionarme el paradigma emergente del talento aplicado a las organizaciones. Se vendía como la panacea. Como la solución a nuestros males. Como la garantía de los mejores, para quienes pudieran pagarlos. Se inició la entonces llamada “guerra del talento” acuñada por McKinsey & Company en 1997. Pero muchas empresas ignoraban el potencial colectivo que atesoraban, centrándose en personas que consideraban clave. De este modo surgieron esos altos directivos talentosos, que como mercenarios terminarían por venderse al mejor postor. El paradigma empezaba a ser cuestionable.
Ello me llevó a hacerme algunas preguntas: ¿en qué medida el talento es exclusividad de unos pocos elegidos? ¿Hasta qué punto el talento colectivo no es más potente que el individual, por muy bueno que este sea? Y en cualquier caso ¿por qué determinadas personas logran tan altos resultados frente a otras, y como ello impacta sobre sus vidas, y sobre las de sus empresas?
Históricamente se había puesto el foco en la formación, pero ahora todo apuntaba al talento, pese a que tan sólo unos años atrás, en 1990, K. Anders Ericsson teorizara sobre lo decisivo del entrenamiento ¾experiencia práctica¾ por encima del potencial. ¿Era ese don natural con el que algunos parecían haber sido tocados, lo que realmente terminaba por marcar la diferencia, como se venía afirmando? 

LA COMPETENCIA
Me convertí en un agudo observador de mis colaboradores, de mis clientes, de mis coachees, de mí mismo… Hasta que ya entrando en los 2000 y buscando respuestas cada vez más concretas inicié mi propia investigación. Me dediqué durante un par de años a conversar, testear y analizar a un gran número de directivos y profesionales calificados como sobresalientes por sus empresas, contrastándolos con otros de medio y bajo desempeño.
De la búsqueda de diferencias y patrones comunes en los 3 grupos, observé lo que ya parecía predecible. Los de mayor calificación, no necesariamente eran los que más formación, experiencia y talento acumulaban. En sentido contrario encontré claramente a quienes poseían estos diferenciales, entre los de media o baja calificación.
Concluí que, si bien todo es necesario, en realidad nada de ello resulta determinante por si mismo, ni siquiera en conjunto, algo que he podido validar mediante procesos de diagnóstico realizados a varios millares de directivos y profesionales, durante cerca de 20 años desde entonces. Dicho de otro modo: no siempre quienes poseen estos elementos de valor son los que logran mejores resultados.
Esto me llevó a confirmar que el talento como tal, no marca la diferencia. Este se nos presenta como una mera oportunidad. Nos ofrece una gran posibilidad, pero no es realmente definitivo.  Expresé que es tan sólo una capacidad natural que nos predispone a destacar en determinadas actividades, áreas o campos de actuación, pero que en realidad no sirve de nada si no lo ponemos en valor.
Entonces ¿cuál es la expresión visible del talento?, me pregunté. Sin duda, los resultados. ¿Cómo calificamos a un profesional que sistemáticamente logra resultados extraordinarios? Como competente o altamente competente.
Es por tanto la competencia, el talento en acción, donde interesa poner el foco, pues el talento “no es observable”, la competencia sí. El talento es una “capacidad latente”; la competencia es una “capacidad en movimiento”. El talento “posibilita”; la competencia “logra”.
Y surgieron nuevas preguntas: ¿Cuántas personas habrá en las organizaciones, que no logran poner en valor su talento? ¿Por qué? ¿Cuántas personas podrían llegar a ser más competentes, que otras incluso más talentosas? ¿Cómo?
Las respuestas podrían abrir un amplio campo de acción desde un nuevo paradigma. 

DEL TALENTO A LA ALTA COMPETENCIA
De todo ello sólo es posible considerar que existe un proceso ¾más o menos consciente¾ que determina la puesta en valor del talento, llevándolo hasta un nivel superior de competencia. Es lo único que explicaría que en la práctica y a través de la investigación, no siempre se verifique la correlación, presumible por aquel entonces, incluso ahora, entre formación, experiencia práctica, talento y resultados. Es el proceso en sí mismo, lo que para bien o para mal condiciona dicha relación, como así puede observarse comparando a unos con otros.
Lo definí entonces introduciendo el concepto “del talento a la alta competencia”, comprendido como el modo de transformar el potencial en resultados extraordinarios. Esto es lo que sin duda termina por diferenciar los resultados que logran unas personas frente a otras. De igual modo podemos aplicar el concepto “del talento individual a la alta competencia colectiva”, considerando que es lo que realmente define el alcance de equipos y empresas.
¡El proceso es la clave! Y de nuevo preguntas: ¿Cómo desarrollarlo? ¿Qué condicionantes intervienen? ¿Cómo determinan el alto valor que los más competentes logran generar? 
LA TEORÍA DE LA GENERACIÓN DE VALOR
La investigación me llevó a publicar (Levante EMV, 2010), la teoría de la generación de valor, que expresé del siguiente modo: “Sólo generamos valor cuando liberamos, de lo que somos capaces de hacer; lo que sabemos hacer, lo que podemos hacer, lo que queremos hacer y lo que nos comprometemos a hacer. La pérdida de potencial sobreviene cuando lo que nos comprometemos a hacer y hacemos —competencia—, está lejos de lo que somos capaces de hacer —talento—”. 
LOS CÍRCULOS DE LA COMPETENCIA
Esta teoría facilita identificar, analizar y diagnosticar un gran número de “factores competenciales o condicionantes” que deben manejarse estratégicamente en 5 círculos, para facilitar el desarrollo de cualquier perfil que se desee incorporar o potenciar, tan sólo formulándonos preguntas en torno a ello.
  • CÍRCULO DEL POTENCIAL: Condicionantes naturales. Ser capaz de hacer
  • CÍRCULO DE LA CAPACITACIÓN: Condicionantes adquiridos. Saber hacer
  • CÍRCULO DE LOS RECURSOS: Condicionantes ejecutivos. Poder hacer
  • CÍRCULO DE LA MOTIVACIÓN: Condicionantes emocionales. Querer hacer
  • CÍRCULO DEL COMPROMISO: Condicionantes racionales. Comprometerse a hacer
El nivel de competencia ¾ definido gráficamente en la intersección¾ es representado por la dimensión resultante de poner en valor los 5 círculos. Cuanto más se desarrollan estas dimensiones, más crece el nivel de competencia en relación al potencial.
Aspectos como la frustración, desmotivación, incapacidad o desconfianza, se explican desde la ausencia de alguno o varios de ellos en la intersección, lo que sugiere un proceso de actuación estratégica sólidamente fundamentada y tremendamente eficaz en la práctica.
La Teoría de la Generación de Valor, se alinea en gran medida con la Teoría de las 10.000 horas de Ericson (1990), y con las también formuladas por Malcolm Gladwell (Outliers, 2008) y Ken Robinson (El Elemento, 2009).
La maestría o alta competencia requiere un nivel razonable de talento ¾círculo del potencial¾ y formación, habilidades y destrezas ¾círculo de la capacitación¾ desarrolladas a través de la experiencia y la práctica en aquello que más te gusta hacer. 10.000 horas, efectivamente es lo que el cerebro precisa para asimilar y desarrollar todo ello, tal y como expresa Daniel Levitin (Tu cerebro y la música, 2006), pero esto sólo explicaría el 12% de nuestro rendimiento, según un estudio realizado por autores de diversas universidades, entre ellas Princeton y Rice University.
Hay algo más en el camino hacia la alta competencia que, quizá por parecer obvio, suele ser obviado en los procesos de desarrollo: ¿Acaso los Beatles habrían llegado tan alto, sin un manager que potenciara los recursos necesarios para poner en valor su talento a gran escala? ¿Acaso Rafael Nadal se habría convertido en leyenda, sin un nivel de motivación y compromiso ejemplar?
Mucho talento se pierde en las organizaciones, no por falta de talento o capacitación, sino por falta de medios o de optimización de los que ya se tienen (círculo de los recursos), por climas desilusionantes o líderes desmotivantes (círculo de la motivación), o por propuestas de valor poco atractivas (círculo del compromiso), entre otros factores.
Las mejores empresas, saben poner en valor los 5 ingredientes en su conjunto, para hacer de ellas auténticos equipos de personas altamente comprometidas, competentes y felices, tal y como señalé poco después en “El gran Equipo”, LID Editorial (2011).

EL DIAGNÓSTICO DE TALENTO Y COMPETENCIA Y EL PLAN DE DESARROLLO ESTRATÉGICO
De la teoría de la generación de valor y círculos de la competencia, nace como herramienta el diagnóstico del talento y la competencia, que aplicado a las organizaciones facilita los procesos de atracción, selección, integración (on boarding), desarrollo y proyección, permitiendo a la función de RRHH llevar a las personas y a sus empresas hasta un nivel superior.  
Una reciente investigación realizada a través del programa Growth Talent de la ETSIAMN Universidad Politécnica de Valencia, España (2018), confirma una vez más la fiabilidad y validez de la metodología, con indicadores de mejora que superan ampliamente a otras formas de evaluación, selección y desarrollo aplicadas por las empresas participantes, en aspectos como:
  • Integración en la empresa
  • Motivación y compromiso
  • Talento y competencia
  • Aprendizaje y autonomía
  • Desempeño y resultados
  • Empleabilidad y proyección
  • Salud y felicidad
CONCLUSIÓN
Después de toda esta experiencia que recojo en el libro “Growth Management” que próximamente verá la luz, aplicada fundamentalmente en Europa y América en colaboración con líderes, consultores y coaches entrenados para ello, podemos concluir que no es tanto el talento, como el modo y el sentido con el que lo ponemos en valor a través de capacitación, recursos, motivación y compromiso, lo que marca la diferencia,  lo cual permite llevar a un nivel superior el diagnóstico y desarrollo de personas y equipos, en las organizaciones.


miércoles, 17 de octubre de 2018

El buen jefe es un buen líder. Alex Rovira



El buen jefe es un buen líder


‘’Si intentas  ser un jefe sin serlo,  generarás un engaño colectivo de consecuencias desastrosas. La profundidad y calidad  de tus  activos  y competencias,  fija el  límite del  desarrollo  que  puedes generar  en  tu entorno. La profundidad y riqueza  de  tu pensamiento y tus  sentimientos, marca  el límite de tu desarrollo  y del de aquellos  a quienes lideras.

Probablemente    en    el    futuro,    debido a los descubrimientos de las ciencias neurológicas, habrá que redefinir el significado de las palabras  pensamiento e inteligencia,  y llevarlas hacia  un  territorio más   amplio.  Porque   cabeza,   corazón   y piernas  deben  ir en  una  misma  dirección para  avanzar. De lo contrario, andaremos dando  tumbos, hacia delante  o hacia atrás, pero  sin avanzar. E  incluso, como  sucede muy frecuentemente, podemos llegar a partirnos  en  pedazos  o a hacer  lo propio con quienes nos rodean.

Un buen  jefe es  un  ser  humano  no  solo pensante, sino  y sobre  todo  apasionado, intuitivo y amante:

No puedes conducir  a  los demás  si eres incapaz de conducir tu propia vida.

No puedes dirigir la actividad de tu empresa si no puedes hacer lo propio con la tuya.

No  puedes  escuchar   atentamente  a  los otros cuando  no eres capaz de escucharte, ni puedes motivar  a  los tuyos  si tú  eres incapaz de motivarte.

No puedes solicitar la confianza de los demás si no confías en ti. No puedes reconocerlos  y respetarlos  si no puedes respetarte y reconocerte.

No puedes ser consciente y apreciar el valor de los otros si no puedes hacer lo propio con tu valor. No puedes perdonar  sus errores si, en el fondo, no eres capaz de perdonarte.
tu valor. No puedes perdonar  sus errores si, en el fondo, no eres capaz de perdonarte.

No puedes exigir flexibilidad y capacidad de adaptación si no las tienes tú. No puedes exigir compromiso  a no ser que tú seas el primer comprometido.

No  puedes inspirar  a  los  demás  si  eres incapaz de inspirarte a ti mismo. No puedes pedirles que desarrollen sus talentos y habilidades   si  eres  incapaz  de  hacer  lo mismo con los tuyos.

No puedes transmitir seguridad  si te dominan tus miedos inconscientes. No puedes poner  en práctica la empatía  si no eres capaz de vivir a fondo todo el espectro de emociones  que has reprimido a lo largo de tu vida.

No puedes liderar honesta y sinceramente a otros  si no  eres  capaz  de  liderarte  a ti mismo.

No puedes, en definitiva, emitir luz para otros cuando no la tienes para ti’’.

                                                                                                                                   Alex Rovira

jueves, 20 de septiembre de 2018

El proceso de la verdadera Iniciación

PURIFICACIÓN EN EL PROCESO DE INICIACIÓN. 
CARMELO RÍOS. Maestro de Aikido. Escritor, Conferenciante e investigador.

"Una de las causas, tal vez la mayor, del fracaso estrepitoso de los métodos espirituales de la actualidad es la ausencia o la carencia de una purificación preliminar de la mente sub-consciente del aspirante.

En la actualidad, las personas se acercan a las escuelas de yoga superior, de meditación, de sanación, de ocultismo, de magia e incluso de iniciación conservando intactas sus sombras interiores y sus ocultas pasiones dominantes.

Llegan el portal de la iniciación, de la meditación, de los sistemas de yoga o de sanación espiritual sin haber resuelto graves problemas internos que permanecen latentes en la subconsciencia; dragones dormidos o adormecidos que lejos de ser eliminados por la energía derivada de una práctica, van a ser nutridos y aflorar a la superficie con todo su poder.

En general, el principiante suele adoptar una actitud de buena gente, compasiva, alegre y humilde, pero con el tiempo, se descubre que se trataba de un disfraz, un postizo, un barniz, un velo con el que recubre su sombra para ser aceptado en un sistema jerarquizado o en grupo.

Los demonios ocultos en la subconsciencia pueden amanecer y lo hacen tarde o temprano, y tal es la causa del fracaso de los grupos, de las escuelas, de los sistemas espirituales.

Cuando a Gustav Jung se le pedía una definición del subconsciente decía que es ¡aquello que hace que un párroco se fugue con una feligresa y el dinero del cepillo¡

Cabe añadir que salvo excepciones, los métodos actuales dan muestras de una pasmosa y decepcionante ineficacia, con pobres o ningún resultado real, o que por el contrario, llevan a la depresión, a la psicosis y al médico.

Los consultorios de terapeutas y los hospitales psiquiátricos están llenos de personas que han jugado con fuego y se han sometido a todo tipo de prácticas ocultistas.

La causa, el origen, es que permanecen los traumas, los deseos ocultos, las pasiones dominantes, ya sea el anhelo de ser reconocido, de ser aplaudido, de no estar solo, de poder sobre los demás, la ambición, la codicia y otros.

A veces, un grave síndrome de estrés post traumático, del que nadie, de una u otra forma se escapa en esta vida.

Pitágoras, en su Escuela de los Misterios de Crotona, prescribía un prueba inicial sin la cual el candidato no era admitido.

Habiendo estudiado con muchos maestros, incluso con los espartanos, sometía a los candidatos a pruebas duras olímpicas de destreza y esfuerzo. El nuevo aspirante vencía en todas ellas y era adulado, aplaudido, sin saber del amaño de tales proezas por parte de sus camaradas ni de la trampa oculta que albergaba ese tratamiento.

Días después, se le obligaba a permanecer sin alimento ni agua, encerrado en una sala donde debía resolver difíciles problemas geométricos o matemáticos. Luego, había de exponer los resultados públicamente, y entonces era ridiculizado, vituperado, menospreciado y sometido al oprobio y la burla.

En ambos casos, la adulación o el menosprecio, se trataba de observar su reacción emocional, si se ufanaba o se hundía moralmente. Si mostraba signos de vanidad, de orgullo o de tristeza y desmoralización, no era admitido en los Misterios.

Solo podían atravesar los portales iniciales aquellos que evidenciaban desinterés por ellos mismos, ecuanimidad, desapego, distanciamiento del yo y gratitud en tan distintas situaciones.

Podemos tratar de purificar el corazón y la mente (si es que existe alguna diferencia) por medio del ayuno, del vegetarianismo, de las abluciones rituales, con el uso de hierbas, respiraciones y posturas corporales, pero de poco o nada van a servir sin una inevitable purificación preliminar.

Para ello los sabios prescribieron prácticas de purificación de indefinido tiempo. Patanjali en sus célebre y olvidados Yoga Sutras dio las poderosas herramientas que pueden y deben utilizarse antes incluso de la más sencilla asana (postura) o respiración (pranayama)

No es cierto que el proceso espiritual, las técnicas yógicas o la meditación vayan a sanar las sombras; por el contrario, éstas se exacerban, reaparecen con mas agresividad en forma de crisis, de depresión, de insufrible sensación de fracaso.

Los maestros del Yoga, del Vedanta o de la vía adhyátmica (la prevalecencia o preponderancia de lo numinoso en la vida del hombre) de la madre India, aun en el presente, someten a sus discípulos aceptados al hambre, el agotamiento físico, el servicio al prójimo, la carencia de tiempo para el sueño, la castidad, y la viseción del ego. Nótese que decimos discípulos y no devotos y aspirantes, que viven aún en el reino de la ilusión, de la astralidad emocional y en paraísos auto-creados de una espiritualidad nebulosa o de cartón piedra.

El Hatha Yoga (y aun mucho más otros de índole superior), la meditación Vipasana o el Zen, son una bomba de tiempo, una carga de profundidad que tarde o temprano estallará sin una purificación preliminar de la mente más profunda y una revisión total de nuestra forma de ser, de sentir, de vivir.

Sábese que muchos profesores de yoga, de meditación o pseudo maestros espirituales de la actualidad son personas muy complicadas, traumatizadas, a menudo infantiles, inmaduras, que saltan como chispas de ira o de cólera en cuanto se roza, siquiera levemente, su egocentrismo tácito.

Yoga sin Patanjali o la meditación sin un verdadero instructor, un sherpa del alma que haya conocido la cima, la sanación sin la presencia de una esclarecido experto son muy peligrosos, pero de ello no quieren hablar los instructores contemporáneos que a menudo han recibido una acelerada y mas que superficial formación a cambio de dinero, y a veces en cursos de fin de semana.

Algunos sistemas espirituales prescriben un tiempo preliminar de purificación de la mente subconsciente por medio de silencio, de aceptación de la sombra oculta, de ventilación emocional, y la presencia de un psicólogo o psico-terapeuta acostumbrado a tratar con este tipo de personas de tendencia espiritualista y ayudarles alimpiar sus pasados e iluminar sus sombras.

Recomiéndase el estudio de la Psicología Trans-Personal o la Psicosíntesis de Roberto Assagioli, pues ambos integran la dimensión espiritual y trascendental del ser humano, extremadamente importante. La propia expresión trans-personal nos habla de algo que se encuentra más allá o que pasa a través del ser conocido, de la personalidad, del ego, sus nebulosas y sus disfraces.

El aspirante posee una sombra oculta de miedo, de deseo, de vergüenza, de culpa, de resentimiento, de frustración, de némesis y de misantropía, incluso de odio a si mismo y por extensión a los demás en su interior, que precisa absolutamente ser examinado a pleno día y purificado.

Inevitablemente, absolutamente, hay que descender lo antes posible a las profundidades, a los sótanos lóbregos de nuestra catedral interior llevando una poderosa lámpara de valor, de alegría, de belleza, de justicia, de discernimiento, de compasión, de inteligencia, de desapego y de perdón antes de ver terminado el templo, pues peligran los cimientos herrumbrosos que harán desplomarse el edificio que erigimos a la divinidad en nosotros.

Debemos temer mas la presencia de esos fantasmas, de esos monstruos, de esos dragones ocultos en nuestro interior que todos los demonios que tanto tememos en el exterior.

Tal es el proceso de la verdadera Iniciación."