martes, 13 de octubre de 2009

LAS FALTAS CONTRA LA VERDAD

Si algo ha sufrido a través de la historia de la humanidad, es la verdad. En nombre de ella, algunos pocos que decían poseerla y saberla, han cometido graves faltas en contra de muchos seres humanos. Pero hemos caído en el otro extremo: hoy dizque cada uno la siente dueño de ella. Puede decirse que antes se destruía en nombre de una supuesta verdad que algunos imponían a todos, para posteriormente destruir la verdad fragmentándola al verla según cada uno, trayendo como consecuencia la imposibilidad de compartirla entre todos para avanzar en un proyecto común como es el vivir civilizadamente. ¿Qué peligros afronta la verdad desde siempre? Pueden agruparse en cinco las faltas que se comenten contra la verdad: pasarla por alto, desconocerla, ocultarla, negarla e imponerla.

Se pasa por alto la verdad cuando se vive la realidad desde una tremenda superficialidad; hoy se ha trivializado todo, se le da importancia a lo intrascendente. Importa más lo aparente y ni siquiera se busca lo esencial. Se está pendiente de la moda, de la figura, del "qué dirán", de los fenómenos de masas creados por una errónea publicidad. De esta manera se viven pobres verdades como si ellas fueran lo trascendental: es la cultura de lo “In".

Se desconoce la verdad cuando sabiéndola, se actúa en sentido contrario para dañar a otros: se está ante la maldad, la violencia y el atropello; aquí se hace uso del poder y de la fuerza bruta. O en el mejor de los casos, es la propia vida llevada sin autenticidad, de espaldas a la verdad de sí mismo, lo que también es un asunto grave.

Ocultar la verdad y en ello se incluyen las "verdades a medias" ha sido otra de las grandes tentaciones en que se incurre, para poder manipular a otros. Es cierta aquella frase de que el conocimiento es poder. Mantener en la ignorancia a los demás es una estrategia que comúnmente se ha usado, para así sacar provecho individual. ¿Cuántos, abusando de ésto, han creado la falsa impresión de ser indispensables y de esta manera logran una influencia inadecuada en quienes necesitan de esa verdad que se les esconde adrede?

Mal común en el momento actual es sostener la inexistencia de la verdad, afirmando que todo es relativo - relativismo - y que lo que es verdad para unos, no lo es para otros; que las cosas son, según la perspectiva en que se miren. Cabe también aquí la postura que afirma que la verdad es algo subjetivo y que por tanto toda opinión es respetable, que "entre gustos no hay disgustos".
Este tipo de posturas que parecen muy comprensivas y tolerantes, son una forma durísima de dictadura del individuo: aquí desaparece toda posibilidad de diálogo y razón, ya que por muy convincentes que sean los argumentos, al final es un asunto del capricho de cada quien el acogerlos o rechazarlos. Se pierde así toda razonabilidad, que es la razón común, a cambio de las razones de cada uno.

Y finalmente imponer la verdad: si la verdad es la verdad, lo más contradictorio es destruir a los otros basados en ella. La verdad es para iluminar la vida de los demás, no para oscurecerla con base en dogmatismos que minan una verdad esencial de la vida de los seres humanos: la de ser libres y por tanto merecedores de respeto. La verdad no es para imponerla, es para descubrirla y exponerla ante los demás, quienes en uso de su inteligencia están en capacidad de acogerla.

Si la verdad sufre, al final quien sufre es la propia humanidad. Al animal le basta el instinto como fuente de supervivencia, pero el ser humano necesita de la luz de la razón para poder crecer y desarrollarse; la sola biología se queda corta como indicación de lo que debe y conviene hacer: por ello la tremenda dependencia de la vida de un niño hacia sus progenitores, cosa que no sucede en los otros seres vivos diferentes del ser humano. El fin de la verdad no es otra cosa que la bondad y por ende, el avance en la plenitud de la vida.

ANDRÉS AGUIRRE MARTÍNEZ
Director General
Editorial en Familia
Hospital Pablo Tobón Uribe

martes, 6 de octubre de 2009

TE OFREZCO MIS DISCULPAS


Por Cristina Perrucci, Cocrear.

“… no me he atrevido a decirlo, porque hablar de amor es tabú y sospechoso, pero quiero decirlo de todos modos: esa tendencia a la espontánea recurrencia de interacciones que es el fundamento de lo social, se da en la dimensión del amor. Cualquier otra cosa es hipocresía” Humberto Maturana – "Transformación en la convivencia”

Ofrecerte mis disculpas es mi forma de reconocer que lo que hice y dije te ha lastimado. Que ciertamente no tengo derecho alguno a lastimarte o a lastimar a otros, y más que todo y sobre todo, que hay pocas cosas –aunque a veces lo olvide- que me hagan tanto daño como lastimar a las otras personas.

Ofrecerte disculpas es reconocerte “como legítimo otro”, como un ser que merece lo mejor de mi, y es darte a conocer que quiero construir contigo la mejor relación posible.
Ofrecerte disculpas es aprender a construir un mejor espacio y una mejor relación para lo que lo mejor tenga lugar entre nosotros.

Es darme cuenta que quiero lo mejor para ti; y también lo mejor para mí. Porque en mi trato contigo, te enseño cómo quiero que me trates. Y también porque lo que considero bueno para ti es lo que considero bueno para mi.

Es pararme en el espacio de aprendizaje constante, reconociendo mis propios errores, y abriendo espacios para que puedas tú también reconocer los tuyos.
Es hacerme responsable de mis propias acciones. Es poner mis valores por delante de mi orgullo...
Es abrir mi mano...

Es darme cuenta que no es lo mismo callarlo que decirlo, que desde cada una de esas elecciones creamos una realidad muy diferente.

Te ofrezco disculpas en lugar de “Te pido Perdón”. Porque ofrecértelas es un acto absolutamente mío que no depende de que tú me des nada; es un acto que, de algún modo, comienza y termina en mi ofrecimiento, está libre de depender de la respuesta que tú me des para que yo me sienta en paz conmigo.